miércoles, 22 de junio de 2016

Goles

Todo se detiene en nuestro país cada vez que juega nuestra selección. Ayer decidí unirme a esa pulsión mediadora de otras y tantas violencias.

El partido transcurría con normalidad, al igual que las personas que lo estaban viendo en el bar, cercano a casa.

Un hombre con el torso desnudo, pantalones desabrochados irrumpe la escena cotidiana de la sociedad española. Éste con actitud provocadora, y en condiciones visiblemente ebrias, pide que le activen la máquina de tabaco. Por su forma de hablar se podía percibir que como decían algunos en aquel momento 'no era de aquí' (¿acaso importa?). El dueño del bar, hombre de unos setenta y cinco años, le dice que por favor salga y que no puede entrar en esas condiciones; ya le conocían por haberlo intentado más veces. El hombre del torso desnudo se niega a salir del bar. Algunos de los que estamos ahí nos alertamos. Otros sin inmutarse siguen viendo el partido.

En la pantalla Sergio Ramos fallaba un penalti. Dos cañas por aquí, dos cañas por allá servían a los clientes...

Los que no se inmutaban por la situación vivida en la realidad, se afectaban por lo que ocurría en el campo de juego. El dueño del bar le hace salir. Éste en actitud violenta vuelve a entrar en el bar.

Los comentaristas hablan del fallo del penalti. 
El hombre vuelve a entrar en el bar, gritando e insultando al personal. El dueño llama a la policía. Dos de los hombres que veían el partido salen para ayudar al dueño y se llevan lo llevan fuera de la terraza del bar.

El partido transcurre con normalidad. Gritos, cervezas, comida otorgaban contexto a la situación.

Llega la policía. Hablan con el dueño y con el hombre del torso desnudo. La policía se va. El hombre vuelve a entrar en el bar aún más violento que antes. La policía llega y se lo llevan.
En el bar se oían comentarios de todo tipo entre los cuales destacaban: "tanta democracia para esto"; "debería irse a su país"; "qué asco de gente"; "menos democracía y más vigilancia". Nos fuimos.

Croacia mete un gol a España.
Ante esta situación son muchas las reflexiones que pueden surgir, una vez vivida. En un principio me asusté por la violencia del hombre que entraba pero posteriormente ese era el menor de los males. Me replanteé dónde estamos viviendo y a qué estamos llegando para decir ese tipo de cosas. ¿Qué da más miedo una persona que entra pidiendo un derecho como es comprar tabaco en condiciones diferentes o personas que piden que se acabe una "democracia"?. A mi personalmente lo segundo. 
Pero por lo que podemos ver, lo que suele importar es si España mete o no mete gol, eso es lo que de verdad importa.
 
Vivamos y DEJEMOS VIVIR. Dejemos de meter goles a la diginidad humana. 

¡Salud y Arte!