lunes, 7 de diciembre de 2015

Zapatos rojos

Esa mañana era diferente, su madre le había dejado ponerse el vestido de terciopelo rojo, el que sólo llevaba en ocasiones especiales y, según le habían dicho, hoy debía de ser un día especial.
Las demás niñas se habían vestido con ropa de domingo y ella no quería desentonar.

Todos los días que tocaba clase de religión el profesor le decía que ella no existía, no entendía por qué tenía que quedarse en esa clase si sus padres le habían dicho que ella daba ética.

Pero esa mañana era diferente, ella también existía como los demás niños y niñas. Ella también llevaba un vestido de terciopelo y ella también esperaba a aquel señor.

Un día, cuando estaba en esa clase en la que no existía, su estuche de pinturas cayó y el profesor dijo que debía irse de clase, pues los demás niños y niñas iban a distraerse con sus ruidos. Ella salió y nunca más volvió, empezó a existir...

Esa mañana todos esperaban en fila en el patio del colegio, los profesores estaban nerviosos y les pedían silencio. Por fin llegó un señor, que para ella estaba completamente disfrazado: una túnica blanca con bordados de oro y unos zapatos rojos.