viernes, 31 de julio de 2015

DIEZ MINUTOS

Hace unos meses que recibí un regalo completamente inesperado, un ukelele. Siempre me ha interesado mucho la música, principalmente desde la forma en que ésta acompaña a la voz. 
Este regalo me ha abierto unas puertas que creí cerradas hace mucho tiempo: el aprendizaje de un instrumento musical. El ukelele tiene un sonido maravilloso para acompañar la voz, éste me acoge en las pocas notas que sé tocar.
Practicar un instrumento no es sólo que salgan las notas y poder tocar una canción sino que te obliga a adquirir una disciplina y concentración que únicamente de este modo puedes conseguir.
Desde que tuve la suerte de tener un ukelele me he propuesto tocar diez minutos al día; por el momento, a veces lo consigo y otras no....la vorágine de la vida diaria nos hace olvidarnos de cosas fundamentales: sacar tiempo para cosas que nos gustan y nos llenan de vida.

A través del ukelele he recuperado mi deseo por tocar el piano, instrumento que practiqué durante seis años (desde mi niñez hasta mi adolescencia) y que sueño con poder recuperar. Es alucinante lo mucho que se tarda en aprender un instrumento y lo poco que tardamos en perder sus notas...

Las notas del ukelele se tornan en mis dedos rígidas y torpes, pero poco a poco iré adquiriendo una mayor flexibilidad, o al menos, ese es mi objetivo.

Yo lucho día a día por no perder esos diez minutos que me invitan a encontrarme con estos dos instrumentos.